La sorpresiva renuncia de Ramón Díaz allá por los finales del 2014, dejó al ambiente millonario conmocionado. Venía de salir campeón.
Un compromiso organizado por el banco que por aquella época esponsorizaba ambas camisetas, había organizado un clásico entre los primos River-Boca, que debía jugarse en el estadio Azteca del Distrito Federal de México, y que tan buenos recuerdos a los argentinos traía.
Gustavo Zapata fue nombrado por la dirigencia como DT interino, y hacía allí viajaron ambos equipos. En la delegación riverplatense se sumó como invitado Ariel Ortega.
Cuando River llegó al hotel donde se alojaría, un impresionante operativo de seguridad había sido montado en las afueras y dentro del edificio. Jugadores, integrantes del cuerpo técnico, utileros ayudantes y dirigentes se tuvieron que someter a un exhaustivo chequeo en distintos puntos del hall de ingreso, que fastidió a los viajeros.Los motivos: se iba a llevar a cabo un congreso con una gran cantidad de empresarios de distintas ramas y para abrir el acto concurriría el Presidente por entonces, Enrique Peña Nieto.
Fue en el primer almuerzo de la delegación, que insólitamente el vocero presidencial se apersonó al comedor y pidió por el Jefe de Prensa. En ese contacto le comunicó que terminado el encuentro con el empresariado, Peña Nieto quería sacarse una foto con un jugador al que admiraba desde joven y saber si era posible.
La sorpresa fue tal, cuando trascendió que Orteguita era el personaje elegido por el presidente, que todos los asistentes al almuerzo se incorporaron y con un fuerte aplauso premiaron al crack.El “burrito” se mostró remiso a semejante requisitoria presidencial, en conformidad con su forma de ser introvertida y más ante semejante hecho. No se podía dejar al Presidente en ¡banda!
El contacto con el vocero para dar lugar al encuentro, cerró la negociación rápidamente. El encuentro sería después del almuerzo en uno de los salones del hotel con toda la delegación parada en semicírculo en donde el Presidente saludaría a cada uno de los allí formados y la diferencia estaría cuando llegara al contacto con su ídolo. Ariel no estaría sólo, cuando llegó el momento, los fotógrafos llenaron de fogonazos el inolvidable encuentro.
Espiritual y turísticamente todos tuvieron su premio, visitar en la montaña la pequeña capilla levantada por la aparición ante los indígenas de la Virgen de Guadalupe y pasear hasta la histórica Plaza del Zócalo fue más que una excelente recompensa.
River ganó el amistoso por penales. Como siempre una satisfacción derrotar a los muchachos de la zona de Caminito, sin embargo, todo quedó en segundo plano, Ariel Ortega le había cumplido el sueño de tanto tiempo al Presidente de la Nación.
Dicen las amistades del exmandatario, que la foto sobresale en su portarretrato por encima de otros recuerdos.
Osvaldo “Beto” Menéndez.