River al Mundo

Entre grandes

Corría el año 1996, Carlos Menem era el Presidente de la Nación y la Sala de Periodistas de la Rosada estaba tranquila, la actividad presidencial según lo estipulaba la agenda oficial no tenía atisbos de cambios bruscos.

Enrique Bugatti colega acreditado del Grupo Clarín, más allá de la información política diaria, era tanguero por excelencia. Lo demostraba por las investigaciones que hacía sobre la música ciudadana, sus tangos, sus valses, sus letras, los orígenes de las mismas, era un estudioso del tema e incluso él, compuso algunos tangos a los que distintas orquestas los musicalizaron.

Recuerdo que se acercó con una actitud llamativa, como queriendo no provocar la atención de los pocos habitantes de la sala y en voz baja señalando con su índice la puerta de entrada mirándome a los ojos afirmó: “En un rato va a entrar un prócer del tango, una eminencia por todo lo que escribió y compuso”. Se alejó y me dejó con toda la adrenalina y curiosidad de ¿quién sería?

Cuando ingresó, observé a un hombre mayor, de mediana estatura, con cabellos entrecanos, de caminar lento pero seguro. Bugatti se levantó de su escritorio, lo abrazó se miraron con la felicidad en sus rostros del encuentro, giró y con su mano en alto me llamó. A medida que me acercaba se acrecentaba mi expectativa y Enrique seguía sonriendo como alentando mis pasos.

-Te presento a un tocayo que también se llama Enrique, la diferencia que él es un grande y yo un simple periodista-

El hombre estiró su mano y escuetamente dijo su nombre, Enrique Cadicamo.

Nací en una casa de tangueros, más allá de sus actividades diarias, mis padres bailaban el denominado tango de salón, ganaron premios y mi nombre de pila proviene de la amistad y relación con el Maestro Osvaldo Pugliese.

Al estrechar esa mano sentí que en ella había mucha historia que hoy se mantiene intacta, más de 800 canciones escritas, libros, guiones cinematográficos y teatrales.

Mientras caminábamos hacia la histórica confitería de la calle Alsina, La Puerto Rico, cuyo salón albergó políticos famosos entre ellos presidentes, artistas, cantantes, escritores y ciudadanos ilustres de la ciudad, Bugatti por lo bajo deslizó en mi oído, “no le preguntes por los tantos temas famosos que escribió porque se molesta, paciencia a veces saca el tema él solo”. La advertencia llegó a tiempo, se hacía muy difícil no dejarse llevar por la ansiedad de tener a mi lado al creador de Garúa, Nostalgias, Los Mareados entre tantos.

Entrar a la confitería era meterse en el túnel del tiempo de tantos famosos, pero la sensación de tener en la mesa a ese tremendo crack¡ me llenaba de emoción y orgullo.

Comenzamos ese histórico café hablando de la vida, de la situación política económica de por ese entonces, y como la vieja frase de la simpleza de los grandes Cadícamo comentó: “me gustaría vivir hasta los cien años para saber lo que es atravesar un siglo completo” nos sonreímos los tres.

Nunca dejé de disfrutar a pleno el encuentro, lo observaba con gran admiración, de pronto giró su cabeza y se quedó mirando un cuadro en donde en blanco y negro había quedado retratado un encuentro de Carlos Gardel, Lepera y otros amigos y como si nada sentenció: “A este muchacho le compuse 33 temas y sólo me grabo 22” su humildad casi ingenua me llevó a preguntarle -¿Cuál cree Maestro que fue el que más le gusto?- con sinceridad irónica respondió: “ Como era tan mujeriego seguro Madame Ivonne”.

Nos miramos con Bugatti creyendo que ya era demasiado tiempo seguir reteniéndolo. Pagamos y fuimos en busca de un taxi para que este hombre mayor volviera a su casa. Algo hizo que me bajara mentalmente mientras esperábamos que pasara un auto con el cartel en rojo de libre y le preguntara – ¿Enrique le gusta el fútbol?, el prócer mirando a lo lejos a ver si divisaba el taxi respondió – No mucho, cada tanto miro a River Plate, me gusta como juega.

Mientras el coche negro y amarillo se perdía en la distancia, mi tarde se había convertido en inolvidable en mi vida.

Cadícamo falleció el 3 de diciembre de 1999, había nacido en el 1900, le faltó muy poco para llegar a los 100 años.

Osvaldo “Beto” Menéndez    

Scroll al inicio