En unas semanas atravesadas por cuestionamientos y derrotas que alteraron el clima habitual, Marcelo Gallardo eligió una defensa conceptual más que emocional de su ciclo al frente de River Plate. Tras el ajustado 1-0 ante Ciudad de Bolívar por la Copa Argentina, el entrenador sostuvo que existen “fundamentos” suficientes para respaldar el proceso, aun cuando los resultados recientes sembraron dudas.
Gallardo apuntó directamente al “ruido externo” y planteó que la estabilidad depende de la convicción interna. El argumento no es nuevo en su discurso: blindar el vestuario frente a la crítica y sostener una idea más allá de la coyuntura. Sin embargo, el desafío radica en traducir esa coherencia teórica en funcionamiento sostenido dentro del campo.
El entrenador reconoció que los resultados “descompaginaron un poquito” el arranque, pero relativizó el dramatismo al recordar que el equipo disputó apenas seis partidos oficiales. El dato estadístico —dos victorias, dos derrotas y un empate con sabor amargo ante Rosario Central— ofrece un balance irregular, aunque no terminal. La cuestión de fondo no es solo numérica: es futbolística.
River mostró dificultades para sostener intensidad y precisión en tramos decisivos, especialmente en el retroceso defensivo y la gestión emocional tras recibir golpes. La goleada ante Tigre, en particular, expuso fragilidades estructurales que exceden el azar o la eficacia rival. Allí es donde el discurso de los “fundamentos” necesita validación empírica.
Gallardo apeló a la autocrítica sin dramatizar y dejó un mensaje hacia dentro y hacia afuera: mientras él perciba bases sólidas, el rumbo no cambiará. Esa postura combina liderazgo y riesgo.
El próximo compromiso ante Vélez Sarsfield será más que un partido: funcionará como termómetro de estabilidad. En este contexto, la discusión no pasa solo por la continuidad del entrenador, sino por la capacidad del equipo de traducir convicción en resultados. En River, el margen para sostener procesos existe, pero siempre está condicionado por la competencia y la expectativa.
Gallardo no es el dueño del futbol de River, esta conducción encabezada por Stefano Di Carlo y que lleva poco más de 100 días en el poder no le entregó la llave del Club a nadie.
Tenemos un Presidente que tiene las ideas claras, que sabe muy bien que los lideres aparecen en los momentos difíciles y que llegó para cumplir con un plan que incluye el desarrollo del futbol en todas sus categorías, la internacionalización de la Marca River y concluir el ambicioso plan de obras con el techado del Monumental incluido. Ese plan se va a cumplir minuciosamente y en su totalidad manteniendo la sustentabilidad de las finanzas y la robustez económica.
Stefano Di Carlo en conferencia con Gallardo brindándole todo su respaldo
Es decir que hay un proyecto muy claro, una Filosofía River que no se va a cambiar por que los delanteros no hacen goles o porque el primer equipo no responde como nos gustaría, porque hay que “traer un 9,” por haber comprado jugadores que no rindieron lo esperado, por haber “gastado mucho y mal”, por haber dejado que el Real se lleva a Mastan pagando una cifra récord, ni por cualesquiera otras rebuscadas estadísticas que inundan los medios con una insistencia – al menos – sospechosa.
River es una institución enorme, la más importante del país, con un estadio que califica entre los más grandes y modernos del mundo, con una comunidad de socios superior a las 352.000 personas, lo que lo coloca entre las dos instituciones con más socios del planeta.
Es verdad que Gallardo “nos acostumbró mal,” nos puso una vara inédita, nos normalizó eso de ganar cosas importantes, nos posicionó globalmente, nos regaló un momento icónico una noche de diciembre en Madrid que dejó muchos heridos; incluso algunos de muerte y también es verdad que todos los riverplatenses de bien queremos que esta realidad de hoy – en lo futbolístico -cambie y lo haga pronto.
A Gallardo no lo va a echar la prensa, ni un puñado de formadores de opinión con oscuros intereses, mucho menos se tomarán decisiones abatidos por el “fuego amigo” que viene de distintos planos.
Gallardo es de River y en River se respetan los contratos, en River creemos en los proyectos a largo plazo, realizando las evaluaciones en la gestión que corresponda en los momentos previstos.
Nosotros estamos orgullosos del camino recorrido en casi 125 años de grandeza, miramos la historia con orgullo y sabemos que el futuro que nos espera es grandioso y no se contamina con la inmediatez de la coyuntura.
El futuro depende de nosotros y no se lo regalamos a nadie.
Orlando Di Pino
Director
Datos: La Pluma. Periodismo social
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