River al Mundo

Gallardo, mi coach

Cuando me levanté de descansar para encarar otro día de pretemporada del 2014 como Jefe de Prensa del Cuerpo Técnico y Plantel Profesional de River Plate en el Florida International University Soccer Field, Miami, nunca pensé la jornada que me tocaría vivir.

En todos los viajes con la delegación oficial,  siempre me he adelantado a la llegada de los jugadores ya sea a desayunar, almorzar o cenar para observar que todo estuviera en orden, mesas preparadas, las sillas correspondientes, los alimentos a disposición de los profesionales y también para que ninguno de los periodistas que acompañaban en la cobertura estuviesen en las inmediaciones en los momentos que no correspondía.

Había salido de mi habitación, aún faltaban unos cuarenta minutos para la hora estipulada para el desayuno y en uno de los pasillos me encuentro con el utilero Carlos Peralta, quien visiblemente compungido con la voz quebrada me pregunta -¿Osvaldo se enteró lo que pasó?- con un poco de sueño aún al hombro, me detuve asombrado. –No sé de qué me hablas Carlos, ¿qué pasó?  Peralta sensibilizado y con los ojos llenos de lágrimas, me dice lo que quizá nunca me hubiera imaginado y tampoco escucharlo, -Se mató el “Topo”- me quedé inmóvil, asombrado, absorto, y   le pregunté ingenuamente como no queriendo escuchar la confirmación, ¿El “Topo” López?, Peralta me abrazó y entre sollozos  balbuceó : “sí, en un accidente automovilístico allá en Brasil”. Quedé partido en mil pedazos.

Jorge «Topo» López

Si había conocido a un periodista y ese conocimiento mutuo nos fue llevando a una fresca, espontánea y sincera amistad había sido y me costaba pensar en pasado, era a Jorge “Topo” López. Simple, espontáneo, con un gran respeto por la profesión, de esos periodistas que no daba a conocer nada, sino iba como correspondía a la fuente, no le ganaba la ansiedad por dar a conocer algo y saber que el off the record es una de las principales premisas del periodismo.

Aún guardaba y atesoraba en mis oídos su despedida cuando me llamó para decirme que se iba a cubrir el Mundial de futbol, que lo mandaba radio La Red para quien trabajaba, y que sabía que lo iban a exigir al máximo, pero en esa despedida cariñosamente, me pidió: “Osvaldito cuidame a River, al regreso nos vemos”

No lo podía creer, no pude contener el llanto y cuando salí del ascensor en el comedor, ese dolor, angustia me llevó a no ocultar mi momento, los jugadores ya estaban sentados esperando que los mozos los atendieran, sentí que me observaban con respeto, la noticia ya había ganado cada una de las habitaciones y estaba instalada en las pantallas de los televisores. Me senté desconsolado, no quería que nadie me hablara, había perdido las ganas de todo. Era fiesta patria a la distancia, el “Topo” había partido un 9 de julio.

Cuando sentado sentí el abrazo, el rostro de Marcelo Gallardo me miraba consternado, casi como un susurro me dijo: “Osvaldo no podemos hacer nada, ya está, ya pasó, estamos todos doloridos, era un gran muchacho pero debemos centrarnos cada uno en lo suyo y vos en lo tuyo, te necesito de pie, entre todos tenemos que hacer una gran pretemporada, son cosas de la vida, ahora te da esto y después no sabemos, tranquilízate”, el DT se fue a su mesa.

Cuánta razón tenía Gallardo, durante el transcurso del día me fui sobreponiendo, ese 9 de julio la vida me demostró que había cerrado una puerta a la mañana bien temprano, pero ya sentado nuevamente en el comedor para cenar, me abriría una gran ventana en mi corazón que me llenaría de amor dando un giro violento de la tristeza a una inmensa alegría. En el celular había llegado desde Galicia, España donde reside, una foto que me enviaba mi hija Julieta Romina, era la imagen clarita de una ecografía en donde se observaba nítidamente un feto y abajo su aclaración, “ponete contento vas a ser abuelo de Nicolás”.

Me puse nuevamente a llorar, pero esta vez de felicidad. Me levante con el celular en la mano, fui a la mesa del Cuerpo Técnico, me acerqué a Marcelo y en el oído le pregunté si podía mostrarle algo. Movió su silla, se incorporó, miró la ecografía y sin que preguntara le dije que iba a ser abuelo. Me abrazó fuerte, me agradeció que le compartiera esa hermosa noticia y nuevamente en voz baja el sabio espiritual me afirmó – viste que la vida te recompensó, te felicito, ¡disfruta! que hasta el “Topo” debe estar contento.

Nunca he olvidado ese día, Nicolás cumplirá el 24 de diciembre, en Nochebuena, sus 10 años.

Osvaldo “Beto” Menéndez

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