El fútbol de a poco fue cruzando las fronteras de aquella histórica definición “pasión de multitudes” y la nueva FIFA ha sido determinante para dejar atrás ese folclore y convertirlo en uno de los negocios más determinantes que se fue aprovechando de ese amor innato en muchos países, para ir transmitiéndoselo a otros, que como disciplina deportiva no lo tenían en el primer escalón.
El ente que maneja el deporte de la redonda, ha tomado la determinación que el verde césped de todos los estadios del mundo y sus veintidós atletas que lo recorren es más que un simple espectáculo, es la vidriera que publicita que con eso se pueden lograr inversiones impensadas de todos aquellos que quieran participar. Ya sea en publicidades, ligas que vienen en proceso de crecimiento, empresas de apuestas que proliferan estampadas en las camisetas de los clubes más afamados del mundo, igualando lo que era hasta no hace mucho, territorio de grandes empresas de aviación comercial.
Las nuevas autoridades de la FIFA, a diferencia de las que terminaron detenidas o con procesos judiciales en su contra, por otorgar sedes para torneos internacionales a cambio de compra y ventas de votos de integrantes en los congresos de la Federación Internacional decidieron que había que ampliar el espectro de los negocios que el fútbol y sus grandes estrellas provocan, ideando cambios que hagan más atractivos esos eventos, cambiando sus formatos, ampliando el cupo de participantes, implementando la tecnología para “acompañar y apoyar” los arbitrajes y sumando a plataformas de aire o por Streaming para su difusión y – fundamentalmente- manejando cifras de dinero astronómicas para premiar a los ganadores. A esto hay que sumarles las claras y precisas directivas a las autoridades de cada confederación para que quede impuesto que el fútbol es una cantera inagotable de producir dinero.
Gianni Infantino posando junto al trofeo del Mundial de Clubes.
Por otra parte el titular del ente mundial, Gianni Infantino, ha decidido y lo demuestra a las claras, que a Estados Unidos hay que devolverle con creces lo que la corrupción que imperó en la antigua dirigencia de FIFA le quitó a expensas de darle el mundial del 2022 inesperadamente a Qatar.
El poderoso país ya tuvo y tiene su agenda completa : Organización de la Copa América, Mundial de Clubes y el año entrante una de las sedes del Mundial 2026 conjuntamente con Canadá y México.
Acaba de finalizar la primera edición del Campeonato Mundial de Clubes, uno de los ejemplos ya explicados y nos encontramos con un torneo rodeado de varias aristas a favor y en contra.
Desde el punto de vista de la trascendencia a nivel global la tuvo y mucha. Los equipos que compitieron son internacionalmente conocidos y otros no tanto, eso no se puede negar, el objetivo fue que de alguna manera u otra todos los continentes estuvieran representados. En los resultados quedaron a la vista, con algunas sorpresas, valga la redundancia, que algunos sorprendieron y otros estaban y estuvieron dentro de la lógica, más allá que el fútbol ha sido y será muchas veces, una caja de pandora de la cual sale cada tanto algún resultado final que impacta.
Vayamos a la competencia en sí: algunos equipos europeos evidenciaron un cierto cansancio producto del final de una temporada con muchos partidos a cuesta. Sin embargo las individualidades de categoría le dieron un andar que colectivamente no encontraban. Orientales, africanos y asiáticos con rendimientos dispares. Los sudamericanos de mayor a menor salvo la enjundia con tintes de calidad en algunos jugadores del Fluminense. No podemos soslayar a los equipos argentinos, ambos demostraron continuar por el camino que transitaban localmente. River sin eficacia adelante, distracciones atrás y un medio con sube y bajas. Boca sin identidad, y sin poder encontrar un rumbo y la vuelta a un rival semi profesional. Lo destacable para el asombro internacional, la gente que los acompaño desde las gradas.
River no consiguió pasar la primera ronda del torneo.
A la final llegaron, quienes pintaba para obtener el torneo, el PSG de Francia, embalado por ser el ganador de la Champions y con desempeños colectivos para la admiración y un Chelsea que fue acumulando méritos. Como dijimos, Pandora abrió su caja y sorpresivamente el equipo londinense se llevó un trofeo que en la entrega tuvo a Donald Trump muy participativo, a tal punto que “obligo” a Fantino a sacarlo del lugar de los festejos.
jugadores del Chelsea festejando el título de Campeón de Clubes.
En la alcancía de la Federación, quedaron cifras que coinciden y superaron seguramente las expectativas de propios y extraños, el negocio de la redonda salió justamente redondo.
Infantino con exultante orgullo dio a conocer que el torneo generó más de 2 billones de dólares. El cálculo dio que fueron 31 millones de la verde moneda por partido, el folclore quedó atrás y allá lejos, el próximo mundial tendrá más equipos, aumentaran las sedes para las disputas de los partidos y a olvidarse de organizaciones a cargo de un solo país. La caja manda y mandará siempre, aquel deporte inventado por los ingleses es hoy una de las industrias mas poderosas del planeta.
Osvaldo Menéndez
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