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MDP: Árbol tapa bosque

árbol tapa bosque

Que el árbol no tape el bosque digamos… El MDP (Mercado de pases) de River de mitad de año contabiliza desde la frialdad numérica nueve incorporaciones, más de veinte salidas y una inversión oficial que, convertida a dólares, ronda los US$ 70,7 millones.

A veces es necesario cambiar el punto de vista para poder observar la totalidad del panorama. Resulta tan difícil como imprescindible poder analizar un proceso estratégico complejo dejando de lado lo coyuntural. Que el árbol no tape el bosque digamos…

 El MDP (Mercado de pases) de River de mitad de año contabiliza- desde la frialdad numérica nueve incorporaciones, más de veinte salidas y una inversión oficial que, convertida a dólares, ronda los US$ 70,7 millones. Pero es importante entender que River no hizo simplemente un mercado de pases: rediseñó su principal activo deportivo, económico y de marca. La apuesta combina jerarquía inmediata, jugadores con enorme exposición internacional y contratos largos. Del otro lado, préstamos, ventas, rescisiones y liberación de contratos para hacer lugar a una nueva estructura.

Hay mercados de pases que sirven para completar un plantel. Y hay otros que sirven para cambiarlo. El de River en el segundo semestre de 2026 pertenece a la segunda categoría.

El club incorporó nueve futbolistas y produjo un movimiento todavía mayor en sentido contrario: 21 bajas entre ventas, préstamos, rescisiones, jugadores libres y finalizaciones anticipadas de contratos. En términos económicos, la diferencia es todavía más significativa: las incorporaciones representaron oficialmente una inversión de 38,68 millones de euros y US$ 26,3 millones, una cifra que ronda los US$ 70,7 millones según la conversión utilizada en los balances publicados. No es solamente una cuestión futbolística. Es una decisión de administración de activos.

River construyó su nueva plantilla con una mezcla deliberada de experiencia, presente deportivo, identificación con el club y valor internacional.

Llegó Nicolás Otamendi, libre de Benfica, con contrato hasta diciembre de 2027. Llegó Mauro Arambarri, comprado al Getafe por €6 millones, con vínculo hasta diciembre de 2028. Giovanni González llegó desde Krasnodar por €430.000 y firmó hasta diciembre de 2027.

También regresaron dos futbolistas que ya tenían una relación emocional con la marca River: Lucas Beltrán, desde Fiorentina, mediante una operación de préstamo con obligación de compra, y Rafael Santos Borré, comprado al Inter de Porto Alegre por US$3,9 millones y contratado hasta diciembre de 2029.

Pero las dos operaciones que cambiaron la escala del mercado fueron Ángel Correa y Thiago Almada.

Correa llegó desde Tigres por US$15 millones, con hasta US$2 millones adicionales en variables, y contrato hasta diciembre de 2029. Almada llegó desde Atlético de Madrid por €20 millones, el pase más caro de este mercado y una de las inversiones más grandes de la historia de River. Su contrato se extiende hasta diciembre de 2030.

A ellos se sumaron Tobías Andrada, adquirido desde Vélez por US$7,4 millones por el 80% del pase y contrato hasta 2030, y Francisco Ortega, comprado al Olympiacos por €5 millones y también vinculado hasta 2030.

El mensaje es evidente: River no solamente buscó jugadores para el equipo. Incorporó nombres capaces de aumentar el valor de exposición de la institución.

Tres campeones del mundo argentinos —Otamendi, Correa y Almada—, dos jugadores que ya fueron ídolos o referentes del club —Borré y Beltrán—, futbolistas provenientes del fútbol europeo y un joven con proyección como Andrada. La composición tiene una dimensión deportiva, pero también una dimensión comercial y comunicacional.

El otro mercado:

jugadores que dejaron River en 2026

jugadores que dejaron River en 2026

La otra mitad de la operación fue mucho menos visible, pero fundamental. River necesitó hacer espacio.

Entre las 21 bajas aparecen futbolistas que fueron vendidos, otros cedidos y varios que rescindieron sus contratos o quedaron libres. Entre ellos estuvieron Franco Armani, Paulo Díaz, Maximiliano Meza, Germán Pezzella, Fabricio Bustos, Juan Fernando Quintero y Alex Woiski, además de una larga lista de préstamos.

En algunos casos River conservó derechos económicos o incorporó opciones de compra. Maximiliano Salas fue cedido a Independiente Rivadavia con opción de US$4 millones por el 50%; Giuliano Galoppo fue a Atlanta United hasta junio de 2027 con una opción condicionada de US$6 millones; Kevin Castaño pasó a Atlético Mineiro por un año con una compra fijada en US$5 millones por el 50% bajo determinadas condiciones.

Matías Galarza Fonda, en tanto, fue cedido al Inter Miami con una opción de US$3 millones por el 50%, que puede transformarse en obligación al cumplirse el objetivo establecido.

Es decir: no todo lo que salió de River dejó de ser un activo de River.

Una parte del mercado fue diseñada como gestión de cartera: jugadores que dejan de ocupar espacio en el plantel y en la estructura contractual, pero que pueden generar ingresos futuros.

Mientras River destinó cerca de US$71 millones a las incorporaciones, las ventas inmediatas dejaron alrededor de US$16 millones netos, según el relevamiento de Olé. Esa cifra, sin embargo, puede crecer si se ejecutan las distintas opciones y obligaciones de compra incluidas en los préstamos.

Las operaciones más importantes fueron Facundo Colidio a Vasco da Gama, por US$4,5 millones por el 50%, con variables previstas para una eventual adquisición del porcentaje restante, y Joaquín Freitas a Flamengo, en una operación de US$15 millones entre monto fijo y variables por el 80% del pase, conservando River el 20%.

También estuvieron las operaciones de Sebastián Boselli a Getafe, con una opción de compra por aproximadamente €1 millón por el 60%, y Andrés Herrera a Columbus Crew, por una operación de US$1,2 millones, aunque River era dueño del 70% del pase.

La fotografía, entonces, no es la de un club que simplemente “gastó US$70 millones”, es la de un club que invirtió fuertemente para elevar el valor de su principal producto —el plantel— mientras mantiene una cartera de jugadores cedidos, porcentajes y opciones que pueden convertirse en ingresos futuros.

El marketing deportivo contemporáneo ya no separa completamente al jugador del activo comercial. Un futbolista de alta exposición puede convertirse en parte de la identidad internacional de una institución. Y River eligió varios de esos perfiles al mismo tiempo.

Angel Correa y Thiago Almada en River

Jerarquía internacional: Ángel Correa y Thiago Almada en River

Hay otro elemento que permite entender la magnitud de la apuesta: la duración de los contratos. Almada, Andrada y Ortega quedaron vinculados hasta 2030. Correa y Borré, hasta 2029. Arambarri, hasta 2028. Otamendi y González, hasta 2027.

Eso significa que River no está pensando únicamente en el segundo semestre de 2026, sino que está construyendo una estructura contractual para los próximos cuatro años.

En paralelo, varias de las salidas fueron diseñadas con préstamos y opciones que permiten conservar una posibilidad de recuperación económica. Es, en definitiva, una estrategia de portafolio de activos futbolísticos.

Desde el punto de vista estrictamente financiero, la cuenta todavía no está cerrada: parte de los ingresos potenciales dependerá de que se ejecuten opciones y obligaciones de compra, desde el punto de vista deportivo, el mercado representa una renovación profunda y desde la perspectiva del marketing deportivo, quizás la lectura más interesante sea otra: River decidió que para competir también necesitaba recuperar capacidad de atracción.

Porque en el fútbol moderno el jugador no es solamente un futbolista, es rendimiento, contenido, audiencia, camiseta, redes sociales, internacionalización y valor de marca.

Y en este mercado River apostó fuerte por todos esos componentes, gastó como un club que quiere volver a ocupar el centro de la escena. Ahora deberá transformar esa inversión en resultados deportivos, audiencia y valor institucional.

Orlando Di Pino

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