River al Mundo

Otra vez en marcha

Festejo de jugadores de River en el gol frente a Independiente Rivadavia de Mendoza

Hay momentos en la vida de un club en los que una victoria vale mucho más que tres puntos. Lo que ocurrió anoche en el Monumental tiene algo de eso.

Después de un semestre difícil, de resultados inesperados, pérdida de puntos, de quedar afuera de la Sudamericana y perder una final en Córdoba en los últimos minutos, después de batir marcas históricas negativas, y con un rendimiento muy por debajo de lo que River y su historia exigen y un plantel que tuvo una profunda renovación, el equipo volvió a ganar, volvió a jugar bien y, sobre todo, volvió a transmitir algo que parecía haber perdido: la sensación de futuro.

El segundo triunfo consecutivo desde la llegada interina de Leonardo Ponzio modificó el clima del Monumental. Volvió la expectativa. Volvió la ilusión.

No es solamente una cuestión futbolística. River está atravesando un proceso de transformación mucho más profundo. Hubo cambio de dos entrenadores en pocos meses, una reestructuración muy importante del plantel, una toma de posición corporativa – muy fuerte – ante el poder de la AFA, contundente salida de jugadores que ya no formaban parte del proyecto, incorporación de nuevos futbolistas de nivel europeo y con cifras muy importantes para nuestro futbol doméstico y una decisión dirigencial de no aferrarse al pasado cuando los resultados demostraron que era necesario cambiar.

La llegada de Ponzio, un hombre profundamente identificado con la historia reciente del club, también tiene un valor simbólico: River recurrió a uno de los suyos, a uno de los capitanes del último ciclo glorioso, para atravesar una tormenta y recuperar el rumbo.

Leo Ponzio DT de River

Leo Ponzio y un inicio que genera expectativa e ilusión

Y allí aparece la figura de Stefano Di Carlo, el presidente ha demostrado en estos primeros nueves meses de gestión una cualidad de liderazgo que no siempre abunda en la política de los grandes clubes: la capacidad de reconocer errores públicamente, de asumir la responsabilidad, de corregir sobre la marcha y de mantener la templanza en medio de la tormenta, supo tomar decisiones aun cuando hacerlo implique asumir costos. Lejos de quedar atrapado en una estructura heredada, Di Carlo escuchó las críticas, escuchó a la gente de River, confió en el equipo que lo rodea y mostró capacidad para innovar, para tomar decisiones difíciles y para entender que conducir River exige mucho más que administrar el día a día.

Por eso estos dos triunfos pueden significar mucho más de lo que indican las tablas. No garantizan títulos ni resuelven en dos partidos todos los problemas de River. Pero pueden marcar el comienzo de una nueva etapa. El fútbol necesita resultados, pero también necesita señales. Y River acaba de dar una muy importante: el equipo volvió a competir, la gente volvió a creer y el Monumental volvió a sentirse como el lugar donde puede empezar algo grande.

Tribuna de River llena de banderas de River

La gente de River vuelve a creer en el equipo tras un importante triunfo

Quizás esa sea la principal noticia que deja esta semana: River no está terminado; River está cambiando. Y después de un semestre en el que todo parecía conducir hacia una crisis más profunda, el club encontró en sus propias decisiones, en un técnico interino que conoce su identidad y en un plantel renovado, una oportunidad para volver a empezar. Ahora viene lo más difícil: transformar esta esperanza en una realidad sostenida. Pero por primera vez en mucho tiempo, River vuelve a mirar hacia adelante.

Orlando Di Pino

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