River le ganó el sábado 1-0 a Estudiantes de Río Cuarto, pero volvió a dejar una sensación incómoda: tiene la pelota, domina el partido y, sin embargo, le cuesta lastimar.
Falta profundidad, contundencia y esa autoridad futbolística que debería imponer un equipo de su jerarquía. Mucho control, poco peligro y una sensación recurrente de que siempre falta algo.
No se trata de ganar todos los partidos por goleada, sino de imponer condiciones, resolver los encuentros con autoridad y no convertir cada presentación en una preocupación. Mientras tanto, la clasificación a las copas del año próximo empieza a dejar de ser una obligación natural para transformarse en una incógnita.
Acuña marcó el único god de River vs Estudiantes de Rio Cuarto
El problema es que esta versión de River empieza a repetirse peligrosamente. Falta profundidad, sobran imprecisiones y escasea esa autoridad futbolística que históricamente distinguió al Millonario.
Y mientras las fechas pasan, el margen se achica y la clasificación a las copas del año próximo deja de ser una obligación natural para convertirse en una preocupación. River necesita mucho más que resultados ajustados: necesita recuperar una identidad, una idea y una autoridad que hoy aparecen a cuentagotas.
Abrazo Tapia – Di Carlo, viejos tiempos.
Y una última consideración, por si alguien todavía necesita una explicación para todos los males: la pelea con la AFA es legítima, los cuestionamientos tienen fundamento y el CARP está dando una batalla muy dura en defensa de valores esenciales y cambios imprescindibles para el futuro del fútbol argentino. Pero no le pidamos a Claudio Tapia que devuelva un pared, que remate al arco o meta un pase en profundidad, tampoco que explique por qué River no convierte, no liquida los partidos o no juega como queremos y debe jugar River. La AFA tendrá sus responsabilidades; el fútbol, en cambio, se resuelve dentro de la cancha. Y ahí el Millonario todavía tiene demasiadas cuentas pendientes.
Orlando Di Pino
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