El triunfo 1-0 ante Racing, con gol de Lautaro Rivero, le devolvió algo de aire a River y mejoró el ánimo de un equipo que ya aseguró su lugar en los playoffs. Sin embargo, la victoria no alcanza para borrar un semestre muy flojo ni para disimular las dificultades futbolísticas que todavía persisten.
El domingo, en la Bombonera, River tendrá una prueba mucho más exigente: enfrentar a un Boca sólido, confiado y con aspiraciones genuinas de pelear por casi todos los grandes objetivos de la temporada.
Leonardo Ponzio dejó un mensaje para la semana decisiva: “No hay que jugar el partido antes”, pidió, y agregó que los jugadores deben relajarse y disfrutar del desafío. También destacó que muchos de los integrantes del plantel nacieron en River o eligieron estar en el club. Esa pertenencia puede ser un impulso, pero deberá traducirse en personalidad y respuestas dentro de la cancha.
Porque el Superclásico no es un partido más. Para los jóvenes será una prueba de madurez; para los referentes, una oportunidad de conducir al equipo en un escenario adverso.
River en la Bombonera deberá dar una verdadera muestra de carácter. Ganar puede ser mucho más que sumar tres puntos: puede marcar el comienzo de la recuperación y torcer el rumbo de un semestre decepcionante e irregular, de resultados que golpearon la confianza y de un funcionamiento que todavía no termina de consolidarse.
River encontró cierto alivio con la goleada ante Belgrano y el ajustado triunfo frente a Racing. Sin embargo, el equipo de Leonardo Ponzio sigue mostrando altibajos y dificultades para imponer condiciones durante los noventa minutos.
Por eso, la visita a la Bombonera adquiere una dimensión especial: River no solo necesita sumar, necesita demostrar que puede competir de igual a igual con un Boca que llega más firme y convencido de sus posibilidades. Para un plantel que combina jóvenes y referentes, mantenerse en partido, responder ante la adversidad y jugar con personalidad será una señal fundamental para recuperar la confianza de su gente.
Los playoffs ofrecen una continuidad deportiva, pero el Superclásico representa una oportunidad para empezar a cambiar y recuperar la memoria.
En esos noventa minutos, River deberá demostrar que está vivo, que está de pie, que tiene carácter, que es capaz de jugar el partido del año y que todavía puede estar a la altura de su historia.
Orlando Di Pino
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